martes, 13 de diciembre de 2016

De paseo por los recuerdos


Con gusto dediqué un día de las vacaciones a visitar el querido terruño de origen, en la apartada comunidad de Las Peloncitas, en la zona de Hermanos Mayo, a unos 20 kilómetros al sur de la ciudad de Las Tunas.

Entré por El Níspero, procedente de Las Pelonas y El Kilómetro 7 de la Carretera de Jobabo, y salí por el terraplén que comunica a Cuatro Caminos, Palmarito, Barranca, la Curva y El Parnaso. Por allí desplegué la infancia y la adolescencia.
En el barrio originario solo me quedan primos. Del tronco familiar, una gran parte marchó al otro mundo o se trasladó de localidad en busca de mejoras económicas y sociales. La entrañable vieja con 87 años reside en Palmarito con un hijo. Otros dos viven cerca de allí. El menor y yo, estamos en la capital provincial.
Tristemente no quedan vestigios del hogar, aunque en el batey ahora varios primos fomentan sus familias.
Al transitar por el lugar, los recuerdos infantiles y juveniles  se refrescaron al saludar o charlar efusivamente, con personas humildes en hogares o en el terraplén por donde transitaban a caballo, carretones o a pie, parecido a cuando anduve incontables veces.
Las remembranzas me transportaron a los contagiosos ambientes, heredados de familiares y vecinos, la escuela, la tienda, los juegos predilectos (béisbol y bola), la estancia, la crianza de animales y otras cosas agradables del campo como el cantar y el vuelo de pájaros, las fiestas, las visitas y los amores.
Siguió impresionándome el cariño y la sencillez de la gente, que ha mejorado las condiciones de vida con la llegada del fluido eléctrico, los servicios de la sala de vídeo, el consultorio médico y parque infantil. La escuela, el círculo socio-cultural y la tienda continúan ampliando las posibilidades sociales.
Fluyó ciertos rasgos de tristeza al ver los frondosos marabuzales que cubren antañas áreas cultivables, desaparecieron los encantos del estadio de béisbol y el primer círculo social y estrechan caminos y potreros. Como problemática se mencionó la ausencia del transporte de pasajeros.
Al paso por el frente del cementerio local la memoria removió vivencias de las veces que he estado en sepulturas de familiares y amigos o en el depósito de flores a seres queridos.
Mi espiritualidad se reconfortó con la inyección de ingredientes de ayer y hoy, de un sitio tan inseparable de mi vida.

   


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